Habría que preguntarse si Severo Moto es una amenaza para la seguridad del Estado español o simplemente un personaje incómodo al que conviene tener lo más lejos posible. Informes confidenciales del servicio secreto definen a este ciudadano, de 65 años y apariencia bondadosa, como un pertinaz golpista, inductor o colaborador en cinco intentos de golpe de Estado contra el régimen del presidente Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial. Actualmente, Moto está preso en la cárcel de Navalcarnero como presunto organizador de un transporte de armas "de guerra" a Guinea perpetrado en marzo pasado. Visto así su expediente, no cabrían dudas acerca de su peligrosidad si no fuera porque este hombre, extremadamente católico, de misa dominical y rezo diario, autoproclamado hace años presidente del Gobierno ecuatoriano en el exilio, carece de medios económicos. Reside en un modesto inmueble en la localidad toledana de Fuensalida (Toledo), vive de las ayudas que le proporcionan sus cuatro hijos y emplea algunas horas del día en sacar a pasear por el parque a alguno de sus siete nietos. Parece existir una distancia sideral entre el abuelo Moto y el recalcitrante golpista. ¿Estamos ante un individuo increíblemente astuto o ante un hombre fácilmente manipulable por arribistas y servicios secretos? El periodista Manu Leguineche llegó a definirle como "un pésimo conspirador, un poco gordo y bien vestido para el arquetipo". Severo Moto, que comenzó su carrera profesional como periodista radiofónico y colaboró en tiempos con Radio Nacional de España y la agencia Efe, acostumbra a llevar traje y corbata en todas sus intervenciones públicas. Viste así incluso cuando conspira; actividad que, vistos sus antecedentes, es harto frecuente.
Los europeos instalados en África tras el repliegue colonial no son sólo misioneros y cooperantes. "Hay muchos tipos, desde el empresario pirata a una variedad infinita de personajes estrambóticos que no sobrevivirían en Europa", explica Gustau Nerín. Y antropólogos como él, afincado en Bata (Guinea Ecuatorial) desde hace tres años, tras 15 yendo y viniendo. Nerín acaba de publicar L'antropòleg a l'olla, una expedición a la cultura de Guinea Ecuatorial a través de la comida que compite, en conocimiento del medio y en sentido del humor, con las obras de otros cronistas anglosajones nada inocentes como Nigel Barley, Redmond O'Hanlon o el mismísimo Marvin Harris.
La exploración, los viajes, la aventura y la investigación geográfica son los cuatro ejes que marcarán la X Edición de los Premios Anuales que concede la Sociedad Geográfica Española (SGE). Unos galardones que se entregarán el próximo 1 de abril en el Auditorio de la Mutua Madrileña, en una cita que conducirá la periodista Ely del Valle.
El objetivo de esta convocatoria anual es premiar el papel que desempeñan los viajeros, investigadores, empresas e instituciones en la ampliación y divulgación de los conocimientos geográficos y su apoyo a proyectos viajeros que sirven a la investigación, la ciencia, el periodismo, el arte y la cultura. Este año, se han otorgado un total de ocho premios en diferentes categorías. En primer lugar, el Premio Internacional ha recaído en el alpinista Walter Bonatti por alcanzar la cima del Cervino en solitario, por la cara norte y en invierno, una de las ascensiones más complejas. Por otra parte, el Premio Nacional se lo lleva este año Luis Arranz, biólogo español director del Parque Nacional de Garamba (Congo) y experto gestor de la biodiversidad por su trayectoria en parques naturales de África y América del Sur. En lo que respecta a compañías, el Premio Iniciativa/Empresa le ha sido otorgado al BBVA, concretamente “por su apoyo a iniciativas que promueven el espíritu viajero y de descubrimiento geográfico y en particular la Ruta Quetzal BBVA, en el que se mezclan cultura y aventura”, explican en un comunicado. “Mbini, cazadores de imágenes en la Guinea Ecuatorial” es un proyecto encabezado por el periodista Pere Ortín y el diseñador Vic Pereiró que a lo largo de una década han trabajado por recuperar el fondo documental de la expedición a la Guinea española que realizó Manuel Hernández Sanjuán con su equipo entre 1944 y 1946, labor por la cual han sido galardonados con el Premio Imagen. La expedición que se alza con el Premio Viaje del Año es la encabezada por el catedrático de Antropología y miembro de la SGE, Francisco Giner Abati, y que lleva por nombre “Los últimos indígenas. Expedición África 2007”. Asimismo, la investigación sobre la Ecología Marina y Oceonografía de Carlos Duarte ha logrado el Premio Investigación, por desarrollar proyectos en ámbitos geográficos que van desde el Ártico y Antártico hasta ecosistemas tropicales en lugares remotos. Por otra parte, el Premio Editorial ha recaído en Miraguano “por su importante esfuerzo en la edición de libros clásicos de viajes inéditos que contribuyen a recuperar la memoria de grandes exploraciones y viajes”. Y, finalmente, el Premio Miembro de Honor se entregará a la Sociedad Española de Ornitología SEO/Birdlife, decana de las ONG de conservación.
Bata era una ciudad cómodamente habitable, con amplias calles que parecían trazadas con tiralíneas, y con una gran variedad de construcciones de casas y pequeños vistosos edificios de diferentes estilos coloniales, mucho arbolado en sus calles, así como gran número de almacenes y factorías, que configuraban el tejido comercial de la ciudad.
Pero en una ciudad donde los lugares de ocio y recreo escaseaban, si en cambio había lugares donde a diario y a horas determinadas, se producían encuentros de personas, mayormente españoles y de alguna otra nacionalidad donde, entre intercambios de opiniones y desgrane de noticias que a raudales, unas ciertas y otras de rumorologías, casi siempre referente a la situación socio-comercial y política del país, corrían a raudales por la ciudad. Todavía recordamos con total nitidez, quizás por la intensidad con que vivimos durante nuestra larga estancia en aquellos años 70, lugares de encuentros como, como el bar Central, como su nombre indica situado casi en el centro de la ciudad o el bar Playa situado en la carretera al aeropuerto de Bata o el atractivo bar Club, a la orilla del mar, situado casi frente al entonces símbolo forestal de la ciudad como era la famosa Ceiba de considerable altura que destacaba en la amplia y extensa avenida marítima. Este bello y espacioso paseo marítimo separaba la ciudad del océano Atlántico, abarcando toda su longitud y donde había en construcción un gran hotel, el único entonces, llamado Panafrica, y que todavía hoy lo he podido observar, perfectamente remozado, viendo las fotografías que en abundancia se pueden ver en diferentes páginas Webs referentes a aquel país.
En aquellos años, comienzo de los setenta, se estaba construyendo, por una empresa francesa, obras importantes como el nuevo gran puerto, situado en la zona del río Ekuku, y un palacio presidencial desorbitado para las posibilidades económicas del reciente creado país, se hablaba del excesivo lujo del mismo. La catedral, cuya arquitectura original, según su proyectista, el arquitecto italiano Nino Monti, corresponde al gótico neocolonial, combinado con bóvedas de medio punto (sic), con tres amplias naves que constituye en la fachada tres anchurosas puertas centrales, aunque realmente esta catedral no es de grandes dimensiones. Su primera construcción data del año 1951, habiendo sufrido posteriormente reformas, y donde el Papa Juan Pablo II en su visita a Guinea Ecuatorial, celebrara misa. En recuerdo de su visita, hoy una de las principales avenidas de la ciudad lleva el nombre del desaparecido Pontífice. Recientemente he leído que esta catedral está catalogada como uno de los principales valores del patrimonio histórico cultural, artístico y arqueológico del Guinea Ecuatorial. Completaba el paisaje urbanístico una serie de edificios realmente notables como el de correos, el del gobierno civil o el del banco central de Guinea, por citar algunos.
Lugares de ocio donde se daban cita personas de diferentes etnias y nacionalidades como era en la zona del río Ekuku, más allá del típico barrio de Bata llamado de Comandachina, donde estaba el famoso bar Miramar, con su amplia sala de baile de techo de nipa de puro estilo africano. Todavía suena en nuestros oídos el armonioso ruido que producía el ritmo acompasado y contagioso de los bailes arrastrando los pies en aquel piso de madera y arena. Otros barrios típicos de la periferia eran Moganda, Lea, o Bomudi, entre otros. El barrio de Lea era famoso porque allí había un popular mercado donde entre otros numerosos artículos se compraban las riquísimas papayas tanto moscatel como amarilla, fruta apetecida en aquellas latitudes.
Cuando se acercaban las fiesta patronales de la ciudad de Bata, que era el día 25 de Julio, festividad de Santiago, y que se prolongaban entre los meses de Julio y Agosto se instalaba lo que llamaban el ferial, como su nombre indica un recinto festivo donde se instalaban numerosas casetas, casi todas “a estilo país”, muy típicas. Este ferial permanecía instalado durante semanas, donde todas las noches, y más aún los fines de semana, se congregaban cientos de personas entre un inmenso carrusel de música de todos los estilos y colores pero mayormente africana, y pistas de bailes por doquier. La magia de África, que retumbaba en toda la ciudad, se reflejaba en sus noches tropicales y se sentaba a contemplar la diversión de un pueblo.
Casi toda la actividad socioeconómica del país, tanto en esta zona continental como en la insular de Bioko, se desarrolla en torno a la empresas foráneas, mayormente, instaladas aquí desde comienzos del siglo XX, y que han sido el motor económico, pero sin que ello influyera demasiado en el desarrollo del país. Lo único que posiblemente había mejorado con el tiempo, era las infraestructuras, carreteras, casas, mayormente para los foráneos, hospitales y escuelas, así como algún recinto deportivo. Pero no beneficiaba mucho a la población nativa en lo económico
Grandes empresas madereras se establecieron durante los comienzos de la época colonial, cuando ya España empezó a tomar conciencia de que estas tierras continentales del golfo de Guinea les pertenecían, era en las primeras décadas del siglo XX, porque anteriormente su presencia pasaron por muchas vicisitudes, con alterne de la población de países anglosajones limítrofes, que dejaron sus raíces en una nueva étnia que eran los llamados fernandinos en la isla de Bioko, o con el acecho también de la dominación francófona, pero ésta es otra historia que habría que contar.
Estas empresas madereras, fueron montando una infraestructura que les permitían obtener pingüe beneficios, pero en perjuicio de la entonces región del golfo de guinea, ya que todas las materias elaboradas se exportaban, y la mayoría de los beneficios quedaban en el exterior. Zonas de gran población forestal en la región continental del país, el bosque en su apogeo, reserva de la naturaleza, a través de los años servía para extraer de sus entrañas todo el rendimiento en forma de materia prima altamente valorada por los profesionales de otras latitudes, debido a la gran calidad de la madera que producía la selva ecuatorial guineana, conocida popularmente como la madera de guinea, que era toda una credencial para su reconocimiento, como el okumé, la caoba, o el ébano.
Otro lugar emblemático de la ciudad de Bata era la plaza del Reloj, creo que posteriormente rebautizada como plaza de La Libertad. Era, y creo que sigue siendo, este céntrico lugar de especial atractivo por su forma arquitectónica y muy popular de convocatoria, donde también estaba situado el mercado. Su nombre se debe a que una esbelta torre, y que ilustra este artículo, con un reloj en lo más alto que destaca en el entorno. Aquí, en este espacioso lugar el, entonces, presidente Francisco Macías Nguema Biyogo, convocaba a todo el pueblo de Río Muni, cuando venía de visita desde Santa Isabel, hoy Malabo, donde tenía su permanente residencia presidencial, ya que era y es la capital del país. En este lugar, enarbolaba sus arengas y discursos que a 40º grados soportaba el pueblo antes y durante sus interminables peroratas proclamando a la población entre el idioma español y el nativo, fang, según le conviniera en cada momento. Y en medio de aquel sofocante sol de libertad, como él llamaba, se desarrollaba la multitudinaria recepción popular. En aquel 7 de Julio de 1970 fue de especial relevancia para aquel régimen político, porque habían creado, según motu proprio del gobierno, el llamado Partido Único Nacional, PUN, y que posteriormente se le añadió la T de trabajadores PUNT.
Un hermoso y delicado ejemplo de narrativa española de trasunto guineano, la historia de un joven matrimonio que, desde un olvidado pueblo de La Mancha, emigra a finales de los años cuarenta a la Guinea española en busca de un futuro mejor y huyendo de un pasado silenciado por la guerra civil española. A través de la sencilla, inocente pero rica, perpleja y penetrante escritura interior de Erenia, descubriremos un silenciado universo que lucha en su presente y con su pasado genealógico por regresar a casa, mientras busca palabras para construir su propio hogar interior, en la esperanza del hijo que parece no llegar nunca. El mundo de la colonia y la selva le proporcionará también a Erenia la fascinación y perplejidad ante un universo autóctono inconsistentemente forzado por hegemonías culturales que ella se resiste a asumir sin cuestionar. La casa sin palabras es un hermoso ejercicio de memoria personal e histórica, y un pedazo de exquisita literatura.
GUINEA ECUATORIAL: VISCERAS [Es reseñable un análisis sobre la situación actual en Guinea Ecuatorial, Vísceras, del joven escritor de Malabo Juan Tomás Avila, tremendamente útil para comprender los asuntos que hoy recorren casi todos los debates sobre la situación de Africa.]
[Un guardia civil en la selva analiza la vida de Julián Ayala Larrazábal. Y paralelamente, nos presenta lo que supuso la aventura colonial española en África Negra. En este libro Gustau Nerín saca a la luz un episodio de la historia de Guinea Ecuatorial hasta ahora ignorado. Para escribirlo, el autor realizó un análisis detallado de las fuentes archivísticas y bibliográficas, pero también procedió a un exhaustivo trabajo sobre el terreno, entrevistando a ancianos guineanos que todavía recordaban las brutalidades del oficial español.]
El testimonio de un exiliado guineano sirve para hacer un recorrido por el pasado reciente de Guinea Ecuatorial, desde la colonización española, pasando por la independencia en 1969 y la sangrienta dictadura de Francisco Macías. Todo ello sin obviar el actual régimen petrolífero de Teodoro Obiang. Nuestro protagonista intercala sus vivencias personales con las de su pueblo, explicando desde el destierro cómo heredó un río a la muerte de su padre o cuáles son las leyendas y costumbres del país. El escritor Xavier Montanyà debuta en el cine con un documental que aborda las consecuencias políticas, históricas y sociales de la colonización española de Guinea Ecuatorial. La cinta, que se presentó en la pasada edición de la Semana del Cine de Valladolid, cuenta con entrevistas a personajes de diferentes ideologías (Manuel Fraga, Fernando Morán) y a exiliados del mundo de las artes como el escritor Donato Ndongo. No faltan los testimonios de aquellos que, como el guineano anónimo, sufrió la represión de los dictadores. Las dificultades a la hora del rodaje han sido patentes, tanto a la hora de conseguir material sobre la colonización española, como en el momento de filmar sobre el terreno. De hecho, el gobierno de Guinea Ecuatorial no ha autorizado el documental. Cada una de las escenas que se muestran han tenido que ser rodadas en Camerún, un país que siempre ha acogido a los refugiados guineanos.
La antigua colonia española de Guinea Ecuatorial es un país en el que las caricaturas más surreales de África se hacen realidad. Un ejemplo, entre muchos, lo da una historia contada por diplomáticos extranjeros que han estado asignados allí.
Fuente: www.elpais.com
El primer presidente del país, un brujo de carrera llamado Francisco Macías Nguema, asesinó a decenas de miles de personas (en un país de medio millón de habitantes) durante sus 11 años en el poder. En 1979 fue derrocado por su sobrino, el actual presidente, Teodoro Obiang. Hubo un juicio y fue condenado a muerte. Todo se complicó cuanto Macías Nguema advirtió de que después de su muerte un elefante destruiría los hogares de los miembros del pelotón de fusilamiento encargado de llevar a cabo su ejecución. Obiang organizó un conclave de los brujos más eminentes del país para estudiar qué hacer. La solución fue la siguiente: que los miembros del pelotón cocinaran una sopa con los testículos del fusilado presidente y se la comiesen. Así hicieron, y funcionó. El elefante nunca apareció.
Tras veinticinco años de tirana tranquilidad, la sombra del elefante vengador volvió a planear sobre el régimen de Obiang. Esta vez se manifestó en la forma corpórea no de un paquidermo, sino de un perro de la guerra. El mercenario Simon Mann, multimillonario ex coronel de las fuerzas especiales del ejército británico, fue el cabecilla de un intento de golpe de Estado en septiembre de 2004. Mann, proveniente de la clase social más privilegiada de Inglaterra, pensó que unos cien antiguos soldados surafricanos bastarían. Contaba, además, con el apoyo financiero de su amigo Mark Thatcher, el hijo de la ex primera ministra británica.
Pero, una vez más, la fuerza estuvo con Obiang. Detuvieron a Mann con su tropa en el aeropuerto de Harare (Zimbabue) cuando estaban a punto de despegar para la capital guineana de Malabo. Mann, que entre muchas cosas más en su descabellada vida aventurera ha sido actor de cine, pasó casi cuatro años en una cárcel zimbabuense y la semana pasada fue extraditado a Guinea Ecuatorial, donde le espera un juicio por "atentar contra la vida del presidente, la forma de gobierno, terrorismo y tenencia de explosivos".
Más allá de la poca probabilidad de que el proceso contra Mann se lleve a cabo con un mínimo de respeto a las normas de la justicia internacional, Mann, su familia y sus abogados temen que lo torturen a muerte en la "infernal" cárcel de Playa Negra, denunciada por la ONU y Amnistía Internacional como un fétido pozo de abusos a los derechos humanos. Pese a la insistencia del Gobierno de Obiang en que se le tratará de forma "humana", esta semana diputados del Partido Conservador británico se han estado movilizando para provocar un debate parlamentario sobre el peligro que consideran que corre Mann.
Que un compinche de Mann en el fallido complot, un surafricano llamado Nick du Toit, haya muerto en Playa Negra en 2004 a causa de torturas no inspira mucha confianza en los que temen por el inglés. Tampoco el hecho de que, nada más llegar a Malabo, Mann fue triunfalmente paseado frente a las cámaras locales de televisión con las manos esposadas y los tobillos encadenados. Así permanece, y permanecerá, en Playa Negra, porque así es como se acostumbra tratar a los presos allá.
Lamentablemente para Mann, las quejas internacionales no suelen tener mucho impacto en Guinea Ecuatorial. Por varias razones. Primera, que el país africano utiliza una fórmula que le ha servido bien a Arabia Saudí para que nadie interfiera en sus asuntos de política interna. Posee una gran riqueza petrolera (más por habitante que los saudíes), lo cual ha creado un cierto grado de dependencia de parte de Estados Unidos, cuyas empresas petrolíferas abundan en Malabo. La otra mitad de la fórmula saudí consiste en mantener una actitud de respetuoso silencio (a diferencia de Venezuela y el Irak de Sadam Husein) hacia las grandes potencias occidentales. Por eso, el hecho de que Obiang utiliza el terror como principal instrumento de gobierno en un país en el que el 90% de la población vive en la extrema pobreza, mientras él y su familia disfrutan de un permanente despilfarro faraónico (Obiang es el octavo jefe de Estado más rico del mundo), sencillamente no se considera motivo de denuncia ni en el Gobierno de Estados Unidos, ni en el de España, ni (entre otros muchos) en el de Argentina, donde Obiang acaba de estar: el primer jefe de Estado extranjero que la flamante presidenta Cristina Kirchner ha recibido en la Casa Rosada.
Otro motivo por el cual Mann lo tiene difícil lo insinuó el periódico oficial del Gobierno de Robert Mugabe, el Zimbabwe Herald. Bajo el titular "Mann no merece ninguna compasión", el diario afirmaba esta semana que, si Mann no estuviese detenido en Playa Negra, "sería un buen candidato para estar en otro notorio centro de detención, la bahía de Guantánamo".
No se sabe el destino que le espera a Mann, aunque, como afirma un ex diplomático inglés con muchos años de experiencia en África, "se puede estar seguro que no saldrá vivo de ahí". Pero parece que, por ahora, podría estar peor. Según el embajador de Estados Unidos, que le ha ido a ver en Playa Negra, goza de razonable salud y no hay señales de que le hayan tratado especialmente mal. No se puede decir lo mismo de Sami al Hajj, camarógrafo de Al Yazira Televisión, que lleva más de seis años en Guantánamo, y que, según sus abogados estadounidenses, le han "golpeado, congelado, sometido a examenes anales en público para humillarle y se le han denegado alimentos". The New York Times denunció esta semana que Al Hajj, en huelga de hambre desde hace más de un año y que ahora los militares norteamericanos le obligan a comer por un tubo que le meten a la fuerza por la boca, es incapaz de doblar las rodillas debido a los golpes que ha recibido. El mismo artículo citaba a fuentes militares que dicen que a Al Hajj nunca le consideraron un terrorista suicida y a abogados que dicen que se le ha ofrecido la libertad a cambio de que espíe para Estados Unidos.
Mann, en cambio, ha sido acusado formalmente, y con muchas pruebas en su contra, de terrorismo y de intento de derrocar un gobierno. A diferencia de Al Hajj, tenía la intención de matar a personas. Lo cual, como ironizaba el Zimbabwe Herald, dificultará cualquier posible intento de los británicos, aliados de los que llevan a cabo las actividades surrealistas de Guantánamo, de argumentar que Mann debería recibir justicia según las normas civilizadas de Occidente.
Calendario con las festividades nacionales de Guinea Ecuatorial para el 2008. Una foto para cada mes del año más la portada. Vista previa completa en el siguiente video de YouTube: Calendario 2008
Guinea Ecuatorial ha sido y sigue siendo un país desconocido para una gran mayoría de personas. Esta guía pretende ayudar a descubrir un país que a pesar de tener en 2006 la cuarta renta per cápita más alta del mundo se encuentra en los albores de su desarrollo.